jueves, 17 de octubre de 2013

Escrito: Ponencia ética del educador

Ética del educador

"Nunca consideres el estudio como un deber, si no como una oportunidad para penetrar en el maravilloso mundo del saber" (Albert Einstein).

Después de haber leído los documentos planteados desde el seminario de ética del educador, he interiorizado la concepción del ser educador, de la labor que nos atañe y sus implicaciones a nivel familiar, social y escolar. Ser maestro no solo significa ser un transmisor de conocimientos, para llegar a ser un “buen maestro” hace falta mucho empeño, trabajo, dedicación, estudio y experiencia, manteniendo como un valor agregado LA VOCACIÓN. Algo que nunca debemos olvidar es que lo que tenemos son seres humanos que de una u otra forma podemos moldear, ya que no se puede enseñar sin alegría teniendo en cuenta que los niños y niñas no pueden aprender por medio del terror.

Al  maestro le debe gustar lo que hace, debe encontrar sentido a su labor, donde su trabajo no se valla convirtiendo en algo cotidiano o rutinario sino en experiencias y vivencias renovadoras de su quehacer docente donde en cada momento de sus días aprenderá algo nuevo y bueno  de sus estudiantes.

Según John Ruskin “se podría resumir el perfil de educador de hoy en día en tres características 1. Ser consecuente con uno mismo (vocacional), 2. Ser consecuente con los educandos (profesional), 3. Ser consecuente con la sociedad (vivir en el día).” Los educadores tenemos mucho que enseñarle a nuestros alumnos, pero también mucho que aprender de cada uno de ellos posesionándonos en  la misión de facilitarles a los estudiantes la capacidad para reflexionar críticamente, permitiéndoles formar y potenciar las capacidades del pensamiento, de actuar consecuentemente con sus pensamientos, sentimientos y su concepción y construcción  de su propia conducta.

He comprendido que la labor docente debe vibrar en cada una de nuestras palpitaciones, por las venas; es una pasión y como tal debemos transpirarla a lo largo de nuestra vida no solo como maestros sino como los ser humano que somos manteniendo siempre la pregunta de ¿Por qué enseñar? Y estar predispuestos a afrontar los retos que trae consigo la llegada de nuevos al mundo, ya que cada generación es diferente, poseen distintas cualidades y requieren de cosas diferentes en cuanto a su formación integral como seres sociales, sin dejar de lado las enseñanzas y conocimientos que podemos adquirir mutuamente donde el maestro trabaja y aprende de cada uno de esos niños y niñas, a la vez que incorpora los procesos a la familia y a la comunidad con responsabilidad.

Toda persona razonante y pensante requiere de un maestro, no solamente desde lo intelectual sino también desde un modelo como persona, como lo es para mí un “modelo madre e hijo”, ya que desde lo que mal llamamos “pequeñeces” en cuanto a lo que representa la formación de personas para la vida y para el mundo, podemos enseñar a conocer, pensar, aprender, preguntar y lo más importante que desde mi concepto no debemos olvidar es que la que grandeza que posee cada ser no vino por sí sola, ni solo de los conocimientos que algún día pudo adquirir a través de los diferentes maestros que han pasado por la vida de cada persona.

El solo hecho de la concepción que es una grandeza de nuestro ser supremo, significa que cada una de estas  infancias reclamara a unos maestros, reclamara unas enseñanzas y valentía para responder a un nuevo comienzo. La profesión docente requiere de constantes actualizaciones para nuestros estudios, no solo por la remuneración económica que podamos recibir mes a mes hasta la muerte, sino porque el educador es el responsable en articular el pasado y el futuro, abriéndose espacios para el pensamiento siempre. “Siempre que haya niños habrá maestros”.

La profesión más dura desde mi concepto es la profesión docente, porque no solo se trata de conocimiento sino de formar a otros seres humanos distintos a nosotros, y que una de nuestras tareas es entregarle a la sociedad personas con alta preparación ética, moral e intelectual y para ello aparte de saberlas, debemos empeñarnos en vivirlas y trasmitirlas a los estudiantes desde lo más profundo de nuestro ser, ya que muchos de nuestros estudiantes aprenderán más de lo que practicamos en nuestro diario vivir que de los mismos contenidos, ya que esto significa actuar coherentemente en cuanto a lo que predicamos y aplicamos para nuestra propia vida y la de nuestros mejores maestros nuestros alumnos.

He llegado a un buen punto ¿Qué es lo que debe saber  y saber hacer un maestro? Una respuesta muy compleja, ya que el educador debe saber de su entorno social, de los avances, decretos y derechos que se fundamentan desde las diversas constituciones políticas de los países en los cuales nos encontremos desempeñando nuestra función de formar. Y ¿la imagen? No solo hacemos referencia a nuestra belleza física, sino a lo que mostramos en nuestro día a  día que como seres humanos también pensamos, sufrimos, lloramos, anhelamos, estudiamos y que somos o seremos padres y madres; ¿Quién no ha querido seguir el ejemplo de algún maestro? El educador una de las personas mas influyentes en la vida de sus estudiantes al igual que esta capacitado para exigirla por parte de ellos y como dice un viejo refrán muy sabio “una imagen vale mas que mil palabras”, los niños y niñas son lectores de todo lo que esta a su alrededor, no se les escapa absolutamente nada, siempre y cuando tengan su atención puesta en lo que quieren o desean.

Aquí viene un actor fundamental en cuanto a la formación integral de seres para desenvolverse en la sociedad: la familia. En nuestro contexto actual la familia se ha ido lentamente del otro lado al de la escuela, se han encontrado de una forma no convencional cada uno por su lado, sin pensar que la unión puede generar grandes cambios con los niños y niñas que apenas van a empezar a conocer su mundo, intentar formar personas un poco más equilibradas desde su ser, abiertas a los cambios que traen consigo las nuevas sociedades, prestas, agradecidas con todo lo que se ha podido lograr y que no podemos dejar de lado y que con el paso de los años la hemos estado perdiendo, la creatividad, la espontaneidad, nos hemos encargado tanto maestros como familia de reprimir los pensamientos de nuestros niños y niñas, de formarlos solo desde la dimensión individual mas no para la colectividad,  siendo sujetos no  participativos en cuanto a la asimilación de normas de convivencia. La sociedad es un conjunto que los sujetos también cambiamos.

Por esto para mi tal ética debe estar en relación con la concepción del saber; el saber como algo que nos pertenece a todos los seres humanos, como algo a lo que todos podemos acceder. El educador debería incorporar esto a sus prácticas, a cada acción en la escuela y fuera de ella. Su función en la sociedad es compartir ese saber, participar de la cultura y hacer lo posible para que muchas personas puedan participar de ella. Y como dice San Francisco de Asís “No sirve de nada andar en todos lados predicando, a menos que nuestro caminar sea nuestra prédica”. Y  “La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; ya que  seremos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos”.








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